Mostrando entradas con la etiqueta Sísifo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sísifo. Mostrar todas las entradas

23.6.12

¿Por qué Sísifo?


La idea de colocarle Sísifo a la revista, surgió de la lectura de la obra clásica de Rosa Luxemburgo "Reforma o Revolución". En dicha obra, Rosa (para los amigos, no confundir con doña Rosa de Neustadt) debate con Berstein, quien había realizado nuevas interpretaciones del marxismo y proponía nuevos cursos de acción para el partido socialdemócrata alemán allá por finales del siglo XIX y comienzos del XX. Básicamente proponía y debatía acerca de la posibilidad de la reforma del sistema capitalista y en consecuencia, había que modificar las formas de lucha. Eso en el contexto del imperio alemán, dirigido por Bismarck quien había apostado a la mejora de la clase obrera para evitar la revolución. Luxemburgo debate con Berstein y afirma que eso no es posible, porque ella sostiene la tendencia a la pauperización de la masa obrera, siguiendo a Marx, por lo cual, repito, nunca se lograría una mejora en las condiciones materiales de la clase obrera (un eterno debate entre los keynesianos y marxistas). En esa obra, Luxemburgo se refiere a la lucha económica de los trabajadores, cuya primera forma es el "sindicato". La lucha económica, sin embargo, nunca puede destruir al capital, pero es una actividad que hay que realizar una y otra vez. Ahí compara la actividad de la "forma" sindicato, o sea la actividad sindical, con el mito de Sísifo. Y dice algo así como que es necesario luchar sindicalmente una y otra vez, llegar a la cima y empezar de nuevo, pero advierte que nunca se destruirá el capitalismo de esa manera, sino que hay que complementar con la lucha política (e ideológica agregaría Gramsci y otros clásicos del marxismo, Lenin, Trotsky ).  De ahí nos salió la idea de colocarle Sísifo (porque nosotros somos sindicalistas y nos toca llevar la roca a la cima, una y otra vez) y luego le pasamos un extracto del texto del libro de Rosa a la dibujante Silvina Marini, quien brillantemente, se le ocurrió dibujar un Sísifo, ¡¡¡ con la misma cara de Rosa Luxemburgo !!!!
  Aclaro, como imaginarán, que no todos nosotros leemos a los clásicos marxistas y compartimos sus postulados, sino que hay pluralidad ideológica como en cualquier sindicato. Esa es una gran enseñanza que nos dejó Tosco, el respeto por las ideas del otro, y el cuidado de no caer en posiciones sectarias. Inconscientemente, agrego y esto es material de diván psicoanalista, quizás la división de la Central de Trabajadores Argentinos tenga que ver con la elección del nombre. La CTA nació rompiendo con el PJ (y lógicamente con la CGT), partido que dejó de ser considerado como la "forma política representativa de la clase y el pueblo".Y la idea de algunos fue crear nueva central, nuevos sindicatos (como el nuestro SiTOSPLAD que nació más o menos por 1998) y de ahí pasar a la forma "partido" (esto es propio del sindicalismo revolucionario hay que reconocerlo). Eso, como lo demuestra la experiencia histórica de estos 20 años, no pasó, o mejor dicho, los partidos que nacieron "bendecidos" desde la Central,  no se transformaron en la  “forma política"  representativa que reemplazara al PJ. Así que quizás inconscientemente estamos diciendo que todavía  hay que seguir subiendo la roca hacia la cima  por mucho tiempo...Y les cuento más, un compañero, Claudio, mencionó la relación del título de la revista con  la obra de Albert Camus, que yo personalmente no he leído. Finalmente, una colega mía muy conocida nos ha cuestionado, de buena manera por cierto, el  título de la revista, por ser demasiado "críptico", propio de las primeras sectas que tanto criticaba Federico Engels. Termino este relato con la frase de otro compañero, a quien no conozco personalmente, quien comentando el contenido del primer número que contiene Biografías y relatos insurgentes, le escribió a Abel, su autor: "Que Sísifo siga transformando roca en historias, dado que su ceguera es metafórica y la roca es la convicción, por lo que siempre hay que remontarla hasta su concreción " (Paco) 

Alejandro Ernesto Asciutto

El perro que perdió una letra


"En realidad, la familia Menna estaba pensando mudarse toda a Córdoba. Se vinieron al año siguiente, y en barrio Güemes se instalaron con la sastrería. Y se trajeron hasta el perro que en Tres Arroyos Mingo había bautizado Trotsky. Claro, en Tres Arroyos no había mucho problema para llamar así a un perrito por la calle, porque seguramente nadie sabría qué cosa era ese vocablo. Pero en Córdoba, el nombre de Trotsky sin duda era conocido hasta por los canasy era muy deschavante. Por eso, cuando Mingo lo sacaba a pasear, contaba que le decía troky. Cuando en el ‘69 se mudaron a barrio San Martín, en lacalle Colombres, a dos cuadras de la cárcel penitenciaria, creo que el perro ya no estaba. Cuando muchos años después, la escritora cubana Rosa Elvira Peláez escuchó esta anécdota, escribió un cuento: “El perro que perdió una letra”.  

Abel Bohoslavsky, revista Sísifo, pag 25-26

Comprender una vida, comprender una época


Cecilia Hidalgo[1]
chidalgo@filo.uba.ar

Narrativas personales como las que se presentan en este número ocupan un lugar central en la investigación contemporánea, no solo por su valor testimonial acerca de momentos y procesos sociales altamente significativos, sino por su capacidad de desafiar estereotipos interpretativos, ampliar la reflexión, mover a la acción, como ningún otro tipo de texto –académico o literario- puede hacerlo. Ya Dilthey (1833-1911) había subrayado la importancia que los relatos de corte autobiográfico revisten para la comprensión de la configuración histórica de una época, por articular a un tiempo el mundo social, el lenguaje con que una sociedad o cultura categoriza ese mundo y la subjetividad de los narradores. En consonancia con tal articulación, en estos “relatos de vidas insurgentes” Abel Bohoslavsky logra transmitir la complejidad social, cultural y subjetiva de procesos políticos e hitos insoslayables de la historia argentina contemporánea, aún pendientes de una reconstrucción acabada. El propio texto del científico social profesional, Pablo Pozzi, que prologa la edición adopta la forma de una narrativa personal, ilustrando hasta qué punto las investigaciones históricas no solo conllevan debates interpretativo-explicativos de cara al pasado sino genuinas discusiones políticas de cara al futuro.
Los relatos de Bohoslavsky despliegan las formas peculiares en que militantes “ejemplares”, algunos rescatados del anonimato, han ordenado y dado sentido a su experiencia política. Son ejemplares en su especificidad y por ello, no son representativos en el sentido de que cualquier otro caso mostraría lo mismo. Lejos de pretender que tal experiencia se recrea objetivamente, lo que el relato permite poner de manifiesto es la conciencia que se ha ido construyendo a partir de la reflexión ulterior sobre lo vivido y por vivir, reflexión tanto individual como colectiva. Así, los relatos recuperan discusiones al interior de las agrupaciones políticas, charlas entre amigos, la inmediatez, el estatus problemático de la memoria y la incertidumbre (se afirma, por ejemplo, que a veces “ni los capos de las agrupaciones parecían tener nada claro”) acerca de lo adecuado de decisiones tomadas en contextos de acción y condiciones de lucha inéditas, no siempre acompañadas por el éxito.
A diferencia de otros relatos donde el protagonismo de los militantes suele desdibujarse- por ejemplo, en aquellos en los que la categoría analítica básica gira alrededor de los “desaparecidos” o las “víctimas del terrorismo de estado”- en estas narraciones los militantes son agentes plenos, caracterizados por una gran capacidad intelectual y entrega. La memoria rescata circunstancias y anécdotas que van más allá del sentido explícito de los acontecimientos para transmitir un significado con amplias proyecciones, en especial hacia otras generaciones, destacando valores como la autonomía crítica, la reciprocidad, la solidaridad, la justicia y el coraje.
En tal sentido, los relatos nos hablan también de muchos otros militantes, que compartieron esos valores y trayectorias. Pero lo hacen abriendo ventanas a una experiencia cuya imagen no es transparente. Y es que los problemas de interpretación o explicación no son solo epistemológicos sino políticos. No se trata de registrar circunstancias y peripecias o transcribir documentos como si fueran autoevidentes: lo que Bohoslavsky cuenta delata claroscuros, rescatados colectivamente en la memoria de largo plazo acerca de lo ocurrido.
Aún en el convencimiento de que desde una perspectiva histórica, pero también personal y familiar, estos relatos son capaces de contar y hacernos comprender una época, el narrador no se ubica nunca en la posición privilegiada de quien emite la palabra interpretativa final y enuncia las “verdaderas” implicancias que los acontecimientos referidos revisten para el presente. Por el contrario, la historia narrada incluye al lector, invitándolo a un trabajo interpretativo activo frente a procesos en gran medida tan inconclusos como sus actuales reconstrucciones.
En su libro Silencing the past: power and the production of history (Boston, Beacon Press, 1995) Michel-Rolph Trouillot sostiene que en la producción de la historia hay al menos cuatro momentos críticos en los que el poder se hace manifiesto: 1) el de la creación de hechos (la producción defuentes), 2) el de la reunión de hechos (la formación de archivos), 3) el de la recuperación de hechos (la producción de narrativas) y 4) el momento de dotarlos de significación retrospectiva (la producción de historia propiamente dicha). Por cierto, los presentes relatos crean nuevas fuentes y promueven la formación de nuevos archivos. Pero tal vez su valor más sobresaliente esté en la manera cómo producen narrativas alternativas, promoviendo la elaboración colectiva de acontecimientos políticos recientes tan importantes para los argentinos, y ello, dotándolos de un sentido que trasciende con creces la perspectiva del horror de la represión y la derrota.

[1] Cecilia Hidalgo es Profesora Titular Regular de la UBA y profesora en diversos programas de posgrado. graduada como Antropóloga se ha especializado en Epistemología y Metodología de la Investigación.

15.11.11

Texto de presentación - Revista Sísifo

Hace casi catorce años no imaginábamos que en un futuro, ni cercano ni lejano, íbamos a escribir esta presentación. No estaba en nuestros planes, era impensable y no formaba parte de nuestra modesta utopía de entonces ya que, como trabajadores, teníamos que estar a la defensiva.
Los noventa fueron los tiempos del apogeo del neoliberalismo, del discurso del “fin de las ideologías”, de la primacía del mercado... Muy pocas voces se alzaban contra ese discurso único que había colonizado a las expresiones político-partidarias mayoritarias y que, cual canto de sirenas, pretendía seducirnos con los “beneficios” del primer mundo.
La llamada “reforma del estado” (desguace de lo que quedaba del estado de bienestar) se expresaba en el ámbito de la salud con los primeros pasos en la “desregulación” y “reconversión” de las obras sociales. Los eufemismos estaban a la orden del día.
La coyuntura parecía agobiante: elevada desocupación, congelamiento salarial, flexibilización de la normativa laboral, firma de convenios colectivos a la baja y complicidad de la mayoría de la dirigencia sindical que había asumido características empresariales.
Frente a esta política de disciplinamiento social y laboral, las respuestas por parte de los trabajadores y de los nuevos desocupados y excluídos del banquete neoliberal no se hicieron esperar. Espontáneas, aisladas y desorganizadas en un primer momento, iban a canalizarse y consolidarse en varias vertientes colectivas (1).
Como parte y expresión de ese movimiento, y al igual que muchas otras nuevas experiencias organizativas impulsadas por la CTA en ese contexto, nació formalmente en marzo del 2000, el Sindicato de Trabajadores de la Obra Social para la Actividad Docente (SiTOSPLAD).
Como trabajadores habíamos decidido emprender desde 1997 un camino propio para auto-representarnos y cambiar un modelo sindical que no solamente nos negaba respuestas concretas en la defensa de nuestros derechos y vedaba la participación, sino que además tenía como principal beneficiaria a la misma burocracia sindical. Con el agravante, en el caso de la OSPLAD, de que esa misma burocracia administraba la obra social.  De esta manera se generaba un círculo nada virtuoso que mantenía un status quo que permitía la aplicación de políticas laborales en detrimento de los trabajadores, entendiéndolos como mera variable de ajuste.

La crisis del 2001, que fue a la vez la causa y el efecto del agotamiento de ese modelo neoliberal, tuvo sus coletazos en la OSPLAD como no podía ser de otra manera. Y la recuperación económico-social post 2003, no revirtió la situación. Por el contrario, este contexto favorable no se reflejó proporcionalmente en el sistema de salud, en particular en las obras sociales, y en el salario y condiciones laborales de sus trabajadores. Por el contrario, determinadas variables se pronunciaron negativamente prolongando la crisis del sector, situación que exige un debate sobre la reforma estructural del sistema a partir de una mayor intervención estatal a través de sus organismos de financiamiento y de control. Las obras sociales deben dejar de ser noticia por el manejo irregular de medicamentos o por ser la “caja” de los sindicatos que las administran.
Durante estos años la tarea desde el SiTOSPLAD no fue sencilla. Los obstáculos fueron innumerables, con aciertos y errores. Pero la perseverancia en cumplir los objetivos que nos propusimos, tuvo sus resultados. Crecimos en cantidad y calidad organizativa, nos expandimos territorialmente y más compañer@s decidieron ser protagonistas de un cambio colectivo, llegando el año pasado a presentar nuestro pedido de personería gremial ante el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

A partir de entonces, nuevos desafíos y necesidades aparecieron. Entre ellas, la de contar con más y mejores herramientas para el análisis y la comprensión de la realidad y para la capacitación y el debate acerca del mundo del trabajo y de las experiencias organizativas de los trabajadores. Fue así como creamos en diciembre de 2010 el Centro de Estudios Sociales y Sindicales (CESS).

El CESS no pretende ser solamente un espacio académico. Su razón de ser es convertirse en un espacio abierto que oficie de un modesto faro para el debate y la construcción colectiva de conocimiento orientado a estimular la problematización de la realidad, la práctica y la acción cotidiana en el ámbito sindical.
Durante el presente año se ha avanzado significativamente en la organización del Centro y se ha conformado un equipo de investigación con variadas propuestas temáticas y metodologías de abordaje. Mucha tarea nos queda aún pendiente.
Aprovechamos este espacio para destacar y agradecer la prepotencia de trabajo que puso de manifiesto el Lic. Alejandro Asciutto en la coordinación académica y darles nuevamente la bienvenida a Malena, María de las Nieves, María Eugenia, Julieta, Juan Pablo y Luciano con quienes compartimos unas muy enriquecedoras jornadas de intercambio.

El Centro editará una publicación anual, cuya temática y contenido variará en cada número, a fin de producir, difundir y hacer circular diferentes producciones en pos de dar soporte para el intercambio y el debate. 
En este primer número, y gracias al aporte generoso de Abel Bohoslavsky, podremos adentrarnos en la comprensión de una época que ha sido etiquetada fácilmente sin las profundizaciones analíticas necesarias. Para aquellos que no fuimos contemporáneos a los sucesos, la historia militante de Abel nos sirve para captar cabalmente las subjetividades y los contextos. Un entramado para comprender las continuidades y rupturas con el presente, abierto para la polémica, no para encontrar juicios definitivos sino para formular nuevas preguntas y buscar nuevas respuestas desde el presente.
Finalmente, vaya nuestro agradecimiento a los aportes de tan destacados académicos como lo son Cecilia Hidalgo, Daniel de Santis y Pablo Pozzi.
Damos por descontado que para los lectores será un material de sumo interés como lo fue para nosotros.

Alejandro M. Bassignani

(1)    En 1992 se creó el CTA (Congreso de Trabajadores Argentinos), en 1994 se constituyó el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos) como agrupamiento disidente al interior de la CGT y también durante esos años surgieron numerosos movimientos sociales y de desocupados.